Del Cine a la Política
Y de pronto estoy frente a la gran pantalla, como deseando que esa realidad no termine, y cuando al fin se acaba, no quiero levantarme y seguir al resto, me quedo a ver los créditos y escuchar la melodía final, me cuesta apretar el "switch" para darme cuenta de que realmente yo no era parte de esa historia. Luego viene lo que creo yo me distingue del resto. Cuando pienso en sacar algo de lo que vi para recibir un nuevo impulso en mi convicción, y así me doy cuenta de que la vida no es tan distinta a lo que mostraba esa pantalla.Así fue cómo, la idea de adaptar mis vivencias a una película me pasó incluso en el amor. Viví por varios meses algo que realmente era la historia más bella, algo que escapaba a mi subjetividad y que estaba lleno de coincidencias sin explicación. Pero acabó de pronto, de forma cruel, y sentí algo similar a cuando acaba esa película que no quiero que termine, y luego todo pareció común y corriente, tan vulnerable como cualquier cosa.
Creo que hoy la gente no tiene el valor de hacer mucho por cambiar su trivialidad, aunque lo desean incesantemente. Me recuerda esto a la pregunta que ponía A. Jaar en tiempos de Dictadura en las calles de Santiago: ¿Es usted Feliz?
El sueño de cambiar el mundo, o luchar contra "el mal" se les acaba cuando aparecen los créditos, o incluso a algunos les dura hasta cuando llegan a sus casas. Pero al otro día ya no existe, no saben por dónde empezar, en la película no les mostraron eso. Parecieran querer algo así como que ellos hayan sido los elegidos, y que les llegue de milagro.
¿Qué hacer? ¿Cómo potenciar ese impulso que se les apaga tan fácilmente? En mi cotidianidad, con muy buenos términos intento tan sólo solicitarles (para empezar), así como Benedetti, que no se queden inmóviles al borde del camino, frente a lo que acontece dentro y sobretodo afuera de sus casas, pero con suerte se detienen a escuchar.
Está todo íntimamente ligado al sistema político-económico imperante en el mundo. Me refiero al capitalismo, expresado en su fase actual con el Neoliberalismo. A "él", le conviene que las cosas sigan así, con todas las mentes dormidas. Por eso las diversas drogas y los "carretes" de los jóvenes le son útiles, por eso tiene miedo a los soñadores y a los héroes, que al fin y al cabo, merecen ese epíteto porque luchan por la emancipación del ser humano y no porque se auto-denominen así.
Creo que resulta imperioso hoy, ayudar a la gente, en especial a los jóvenes, a vencer el miedo a la palabra "política" y hacer entender que ésta no comienza ni termina con aquellos personajes que van a ganar desmedidos sueldos al parlamento (ellos sólo serían algo así como las "externalidades" de la política), sino que ésta debe concebirse desde el mínimo pensamiento humano sobre su condición y de ahí entenderla como un verdadero arte.
Conducir y hacerles ver el pensamiento político como herramienta para la necesaria lucha por la emancipación del ser humano es el siguiente paso, aquél que el sistema y sus actuales administradores que implantaron la mercancía por todas partes, quieren evitar.


